En el mismo país donde hay legisladores que promueven despenalizar el consumo de mariguana, también hay legisladores que prohíben la comercialización de cigarrillos electrónicos y vapeadores.
Con lo aprobado ayer, queda claro que no hay un plan o simplemente una idea común sobre el consumo de tabaco y similares, y que se legisla a modo de quién sabe quién.
La Cámara de Diputados prohibió ya la venta, producción y de más de vapeadores en México, pero nada de eso servirá para evitar su consumo.
Basta con hacer una simple búsqueda en internet para darse cuenta de que el negocio de los vapeadores no es (era) exclusivo de algunos emprendedores. Lo era (es) también de grupos del crimen organizado.
Hace unos meses hombres encapuchados entraron al campus de una universidad en Sinaloa para desnudar, golpear y obligar a caminar sin ropa a dos estudiantes que vendían vapeadores entre los alumnos. ¿Por qué? Porque ese es negocio del crimen.
Y siendo su servidor tapatío, tengo muy presente dos casos de estudiantes desaparecidos en la Zona Metropolitana de Guadalajara y liberados después. Y fue por la misma situación: vendían vapeadores. No se necesita ser un genio entonces para darse cuenta que ese producto lo tienen controlado los grupos del crimen organizado.
Así que los consumidores de los cigarrillos electrónicos y vapeadores no tendrán problema para encontrar los productos que necesiten. Ahora, sin embargo, deberán buscarlos en el mercado negro y. seguramente, a un mayor costo.
Pero eso sí: los legisladores podrán presumir que trabajan por el bien de la mayoría.